Están hechos de carne

“Están hechos de carne.”

“¿De carne?”

“De carne, están hechos de carne.”

“¿De carne?”

“No hay ninguna duda. Cogimos a varios de distintas partes del planeta, los subimos a nuestras naves de reconocimiento y los sondeamos completamente. Son enteramente carne.”

“Eso es imposible. ¿Qué hay de las señales de radio? ¿Los mensajes a las estrellas?”

“Usan señales de radio para hablar, pero las señales no provienen de ellos. Las señales vienen de máquinas.”

“Pero, ¿quién hizo las máquinas? Con esos queremos contactar.”

“Ellos mismos hicieron las máquinas. Es lo que estoy intentando decirte. La carne hizo las máquinas.”

“Es ridículo. ¿Cómo puede la carne fabricar una máquina? Me estás pidiendo que crea en carne inteligente.”

“No te lo estoy pidiendo, te lo estoy diciendo. Estas criaturas son la única raza inteligente en ese sector, y están hechas de carne.”

“Puede que sean como los Orlofei. Ya sabes, una inteligencia basada en el carbono que pasa por una estadio de carne.”

“No. Estos nacen como carne y mueren como carne. Los hemos estudiado durante varias de sus vidas, lo cual no llevó mucho tiempo. ¿Tienes idea de cuál es la esperanza de vida de la carne?”

“Ahórrame el dato. De acuerdo, quizás solo sean parcialmente de carne. Como los Weddilei, ya sabes. Una cabeza de carne con un cerebro de electrones de plasma dentro.”

“No, ya pensamos en eso al ver que tienen cabezas de carne, como los Weddilei. Pero como te he dicho, los hemos sondeado. Son carne de principio a fin.”

“¿Sin cerebro?”

“Oh, hay un cerebro por supuesto… ¡sólo que está hecho de carne! Esto es lo que he estado intentando decirte.”

“Entonces… qué realiza el pensamiento?”

“No estás comprendiendo, ¿verdad? Te niegas a atender a lo que te estoy diciendo. El cerebro realiza el pensamiento. La carne misma.”

“¡Carne pensante! ¡Me estás pidiendo que crea en carne que piensa!”

“¡Sí, carne que piensa! ¡Carne consciente! Carne que ama, carne que sueña. ¡Todo se basa en la carne! ¿Empiezas a entender el asunto o tengo que empezar desde el principio?”

“Ohdios. Entonces me hablas en serio. Están hechos de carne.”

“Gracias… por fin. Sí. Están, en efecto, hechos de carne. Y han estado intentando ponerse en contacto con nosotros durante casi cien de sus años.”

“Ohdios. Entonces, ¿qué tiene en mente esa carne?”

“Primero quiere hablar con nosotros. Después imagino que quiere explorar el Universo, contactar con otras inteligencias, intercambiar ideas e información. Lo habitual.”

“Se supone que tenemos que hablar con la carne.”

“Esa es la idea. Ese es el mensaje que nos están enviando por radio. “Hola. ¿Hay alguien ahí fuera? ¿Hay alguien en casa?” Ese tipo de cosas.”

“En verdad son capaces de hablar, entonces. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?”

“Oh, sí. Sólo que lo hacen con carne.”

“Creía que habías dicho que usaban la radio.”

“La usan pero, ¿qué crees que hay en la radio? Sonidos de carne. ¿Sabes cuando atizas o agitas la carne, que hace un ruido? Ellos se hablan entre ellos agitando la carne. Incluso pueden cantar echando chorros de aire a través de su carne.”

“Ohdios. Carne que canta. Esto se está volviendo demasiado. Entonces, ¿qué aconsejas tú?”

“¿Oficialmente o extraoficialmente?

“Ambos.”

“Oficialmente se nos pide que contactemos, demos la bienvenida y registremos toda raza inteligente o multi-seres en este cuadrante del Universo; sin prejuicio, miedo o favoritismo. Extraoficialmente, mi consejo es que borremos los registros y olvidemos todo el asunto.”

“Estaba esperando que dijeras eso.”

“Puede parecer severo, pero es que hay un límite. ¿De verdad queremos contactar con carne?”

“Estoy de acuerdo al 100%. ¿Qué habría que decir? “Hola, carne. ¿Cómo va la cosa?” ¿Acaso funcionaría? ¿De cuántos planetas estamos hablando?”

“Solamente uno. Pueden viajar a otros planetas en recipientes especiales para carne, pero no pueden vivir en ellos. Y al ser carne, sólo pueden viajar en el espacio C. Esto los limita a la velocidad de la luz y hace que la posibilidad de un contacto fructífero sea bastante escasa. De hecho, infinitesimal.”

“Entonces, simplemente fingimos que no hay nadie en el Universo.”

“Eso es.”

“Cruel. Pero tú mismo lo has dicho, ¿quién quiere conocer carne? Y qué hay de aquellos que han estado a bordo de nuestras naves, los que sondeasteis… ¿estás seguro de que no recordarán nada?”

“Serían tratados como perturbados si recordaran. Nos metimos en sus cabezas y pulimos su carne de modo que no seamos más que un sueño para ellos.”

“¡Un sueño para la carne! Qué extrañamente apropiado, que debamos ser sueño de la carne.”

“Y hemos marcado el sector entero como deshabitado.”

“Bien. Estamos de acuerdo, oficial y extraoficialmente. Caso cerrado. ¿Algún otro? ¿Alguien interesante en esa parte de la galaxia?”

“Sí, una muy tímida pero simpática inteligencia colectiva con núcleo de hidrógeno en una estrella de clase 9 en la zona G445. Se puso en contacto hace dos rotaciones galácticas y ahora quiere ser amistosa de nuevo.”

“Siempre vuelven.”

“¿Y por qué no? Imagina lo insoportable, lo indeciblemente frío que sería el Universo si uno estuviera completamente solo…”

They’re Made out of Meat, por Terry Bisson

Traducción: J.C.A

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Están hechos de carne

“Están hechos de carne.”

“¿De carne?”

“De carne, están hechos de carne.”

“¿De carne?”

“No hay ninguna duda. Cogimos a varios de distintas partes del planeta, los subimos a nuestras naves de reconocimiento y los sondeamos completamente. Son enteramente carne.”

“Eso es imposible. ¿Qué hay de las señales de radio? ¿Los mensajes a las estrellas?”

“Usan señales de radio para hablar, pero las señales no provienen de ellos. Las señales vienen de máquinas.”

“Pero, ¿quién hizo las máquinas? Con esos queremos contactar.”

“Ellos mismos hicieron las máquinas. Es lo que estoy intentando decirte. La carne hizo las máquinas.”

“Es ridículo. ¿Cómo puede la carne fabricar una máquina? Me estás pidiendo que crea en carne inteligente.”

“No te lo estoy pidiendo, te lo estoy diciendo. Estas criaturas son la única raza inteligente en ese sector, y están hechas de carne.”

“Puede que sean como los Orlofei. Ya sabes, una inteligencia basada en el carbono que pasa por una estadio de carne.”

“No. Estos nacen como carne y mueren como carne. Los hemos estudiado durante varias de sus vidas, lo cual no llevó mucho tiempo. ¿Tienes idea de cuál es la esperanza de vida de la carne?”

“Ahórrame el dato. De acuerdo, quizás solo sean parcialmente de carne. Como los Weddilei, ya sabes. Una cabeza de carne con un cerebro de electrones de plasma dentro.”

“No, ya pensamos en eso al ver que tienen cabezas de carne, como los Weddilei. Pero como te he dicho, los hemos sondeado. Son carne de principio a fin.”

“¿Sin cerebro?”

“Oh, hay un cerebro por supuesto… ¡sólo que está hecho de carne! Esto es lo que he estado intentando decirte.”

“Entonces… qué realiza el pensamiento?”

“No estás comprendiendo, ¿verdad? Te niegas a atender a lo que te estoy diciendo. El cerebro realiza el pensamiento. La carne misma.”

“¡Carne pensante! ¡Me estás pidiendo que crea en carne que piensa!”

“¡Sí, carne que piensa! ¡Carne consciente! Carne que ama, carne que sueña. ¡Todo se basa en la carne! ¿Empiezas a entender el asunto o tengo que empezar desde el principio?”

“Ohdios. Entonces me hablas en serio. Están hechos de carne.”

“Gracias… por fin. Sí. Están, en efecto, hechos de carne. Y han estado intentando ponerse en contacto con nosotros durante casi cien de sus años.”

“Ohdios. Entonces, ¿qué tiene en mente esa carne?”

“Primero quiere hablar con nosotros. Después imagino que quiere explorar el Universo, contactar con otras inteligencias, intercambiar ideas e información. Lo habitual.”

“Se supone que tenemos que hablar con la carne.”

“Esa es la idea. Ese es el mensaje que nos están enviando por radio. “Hola. ¿Hay alguien ahí fuera? ¿Hay alguien en casa?” Ese tipo de cosas.”

“En verdad son capaces de hablar, entonces. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?”

“Oh, sí. Sólo que lo hacen con carne.”

“Creía que habías dicho que usaban la radio.”

“La usan pero, ¿qué crees que hay en la radio? Sonidos de carne. ¿Sabes cuando atizas o agitas la carne, que hace un ruido? Ellos se hablan entre ellos agitando la carne. Incluso pueden cantar echando chorros de aire a través de su carne.”

“Ohdios. Carne que canta. Esto se está volviendo demasiado. Entonces, ¿qué aconsejas tú?”

“¿Oficialmente o extraoficialmente?

“Ambos.”

“Oficialmente se nos pide que contactemos, demos la bienvenida y registremos toda raza inteligente o multi-seres en este cuadrante del Universo; sin prejuicio, miedo o favoritismo. Extraoficialmente, mi consejo es que borremos los registros y olvidemos todo el asunto.”

“Estaba esperando que dijeras eso.”

“Puede parecer severo, pero es que hay un límite. ¿De verdad queremos contactar con carne?”

“Estoy de acuerdo al 100%. ¿Qué habría que decir? “Hola, carne. ¿Cómo va la cosa?” ¿Acaso funcionaría? ¿De cuántos planetas estamos hablando?”

“Solamente uno. Pueden viajar a otros planetas en recipientes especiales para carne, pero no pueden vivir en ellos. Y al ser carne, sólo pueden viajar en el espacio C. Esto los limita a la velocidad de la luz y hace que la posibilidad de un contacto fructífero sea bastante escasa. De hecho, infinitesimal.”

“Entonces, simplemente fingimos que no hay nadie en el Universo.”

“Eso es.”

“Cruel. Pero tú mismo lo has dicho, ¿quién quiere conocer carne? Y qué hay de aquellos que han estado a bordo de nuestras naves, los que sondeasteis… ¿estás seguro de que no recordarán nada?”

“Serían tratados como perturbados si recordaran. Nos metimos en sus cabezas y pulimos su carne de modo que no seamos más que un sueño para ellos.”

“¡Un sueño para la carne! Qué extrañamente apropiado, que debamos ser sueño de la carne.”

“Y hemos marcado el sector entero como deshabitado.”

“Bien. Estamos de acuerdo, oficial y extraoficialmente. Caso cerrado. ¿Algún otro? ¿Alguien interesante en esa parte de la galaxia?”

“Sí, una muy tímida pero simpática inteligencia colectiva con núcleo de hidrógeno en una estrella de clase 9 en la zona G445. Se puso en contacto hace dos rotaciones galácticas y ahora quiere ser amistosa de nuevo.”

“Siempre vuelven.”

“¿Y por qué no? Imagina lo insoportable, lo indeciblemente frío que sería el Universo si uno estuviera completamente solo…”

They’re Made out of Meat, por Terry Bisson

Traducción: J.C.A

El final de nuestro Universo

¿Cómo morirá el universo? El mero hecho de intentar responder a esta pregunta, que es la cuestión definitiva de la cosmología, excede a los límites de los conocimientos actuales. Sin embargo, la búsqueda de una solución a este intrincado asunto ha desafiado y reformado, en los últimos 20 años, muchas de nuestras ideas fundamentales sobre el cosmos. No hace mucho, el destino del universo parecía relativamente claro, y había tres posibles resultados. El escoger el acertado era, simplemente, cuestión de afinar en los cálculos.

 
La solución más ampliamente aceptada quizá era que el mundo terminaría en un Big Crunch, o “Gran Implosión”, donde menguaría la tasa de expansión y empezaría a dominar la gravedad. La expansión se invertiría entonces y, a lo largo de muchos miles de millones de años, las galaxias y los cúmulos de galaxias irían acercándose poco a poco. Conforme se comprimiera, también se calentaría hasta que, finalmente, todo se descompondría en una sopa de partículas parecida a la que se produjo con el Big Bang, y el universo volvería a la singularidad de la que surgió.

Universo en expansión por el Big Bang

La teoría del Big Crunch tiene el atractivo de que es un final pero, al tiempo, abre la posibilidad de una continuidad: tal implosión podría dar lugar a un nuevo Big Bang y a todo un universo nuevo. Este ciclo podría haberse producido ya muchas veces atrás, antes de dar lugar a nuestro cosmos particular que conocemos.

Las otras dos opciones eran, en definitiva, variaciones sobre el mismo tema. La expansión del universo podría ser demasiado potente como para que la gravedad pudiera siquiera aminorar su marcha, o las cosas podrían estar tan equilibradas que la expansión se ralentizaría poco a poco hasta hacerse casi nula, pero el universo no llegaría nunca a contraerse. Cualquiera de los dos escenarios condena al universo a un “Big Chill”, o “Gran Enfriamiento”, en donde conforme la materia del cosmos se dispersa y escasea el material para la formación de estrellas, la luz del universo se debilita hasta apagarse y lo único que queda es una larga eternidad fría.

Escoger un destino


Entonces, ¿cuál de estas dos alternativas se daría? Las mediciones cruciales, de las que dependía el destino del universo, eran el ritmo al que se expande el cosmos y su densidad actual. Desde que Edwin Hubble demostró que el universo se expandía, los astrónomos han intentado medir con precisión esta tasa de expansión, conocida como “Constante de Hubble“, pero sólo en años recientes hemos obtenido una respuesta razonablemente precisa.

De la misma forma ha resultado difícil calcular la masa entera del universo ya que no sólo hay que contar la materia visible, sino también la materia oscura. Sin embargo, al casarlas con la constante de Hubble, incluso las mejores estimaciones parecían llevar siempre a una conclusión frustrante: el universo parecía oscilar alrededor de la “densidad crítica”, como si estuviera indeciso entre el frío eterno de la expansión continuada y el ardiente final de un Big Crunch. Pero entonces, a finales de la década de los noventa, se produjo un descubrimiento sorprendente que pareció resolver el dilema de una vez por todas.

La energía oscura

A finales de la década de los noventa, un equipo de astrónomos se embarcó en un ambicioso proyecto para cotejar las mediciones de la constante de Hubble que realizaba el telescopio espacial Hubble. El equipo cayó en la cuenta de que había otra clase de estrellas tan útiles para determinar distancias como las variables cefeidas y que servían a distancias mucho mayores que éstas.

Se trataba de las supernovas de Tipo I. Como sea que estas brillantes explosiones estelares sean causadas siempre por el mismo suceso, cual es el colapso en estrella de neutrones que una enana blanca que sobrepasa el límite de Chandrasekhar (1,4 masas solares), siempre liberan la misma cantidad de energía y siempre alcanzan la misma luminosidad máxima. Empleando los telescopios más potentes, los astrónomos se dedicaron a buscar todas las supernovas de Tipo I posibles en los lejanos límites del universo.

Lo que observaron cambió nuestra imagen del cosmos. Las supernovas lejanas eran uniformemente menos brillantes y por lo tanto estaban más alejadas de lo que se esperaba. La única explicación que cabe es que la expansión del universo se hubiera acelerado a lo largo de su historia. Parece que actúa una fuerza invisible que impulsa la expansión del universo y contrarrestra los intentos de la gravedad por frenarla. A esta nueva fuerza se la conoce como “energía oscura” y, aunque su causa y naturaleza son todavía un profundo misterio, las consecuencias son claras. La energía oscura parece condenar a nuestro universo a la expansión eterna y a una muerte lenta y fría.

No obstante, la nueva fuerza si añade otro posible destino a nuestra selección. Parece que la fuerza de la energía oscura en el universo aumenta con el paso del tiempo; unas mediciones perfeccionadas apuntan a que la gravedad consiguió ralentizar la expansión cósmica hasta hace unos 6.000 millones de años, cuando la energía oscura se incrementó lo suficiente como para superarla. Si la energía continúa aumentando de forma constante, condenará probablemente al universo a un Gran Enfriamiento, pero algunos argumentan que el incremento podría hacerse a un ritmo exponencial. En algún momento del futuro, esto podría significar que la energía oscura venciera las fuerzas gravitatorias locales e incluso las que dominan los núcleos atómicos. El resultado sería un suceso cataclísmico en el que la materia del cosmos se descompondría en el llamado “Big Rip” o Gran Desgarro.

Una animación de cómo una galaxia
es afectada por el Gran Desgarro

El Gran Enfriamiento

Cuanto más averiguamos acerca de la materia oscura, más probable parece que el universo se enfrente a un futuro largo y frío. ¿Cómo sería entonces este llamado “Big Chill”? Al principio, el cosmos cambiará poco del estado en que lo conocemos. Continuarán formándose nuevas generaciones de estrellas y galaxias pero, al reducirse la cantidad de gas disponible para la formación estelar, las fusiones entre galaxias llevarán a que la mayoría de los cúmulos estén dominados por galaxias elípticas gigantes. Dentro de varios billones de años, incluso las estrellas de estas galaxias se habrán extinguido y en el universo sólo quedarán carcasas estelares carbonizadas orbitando gigantescos agujeros negros.

Con el tiempo, todo se degradará a una forma más simple y ni siquiera estos remanentes estelares muertos serán una excepción. En un futuro inconcebiblemente lejano, incluso los agujeros negros se harán inestables y se evaporarán en un estallidos de luz. Después, las carcasas estelares consumidas perderán su integridad y colapsarán en una nueva generación de pequeños agujeros negros, condenados al mismo destino. Finalmente, nada quedará de nuestro una vez magnífico universo salgo una sopa dispersa de partículas subatómicas que flotarán eternamente en una absoluta oscuridad.

Algunos cosmólogos piensan que el universo puede tener una suspensión de condena y especulan que se ha formado en la superficie de un objeto multidimensional llamado “brana“. Imposible de demostrar hasta ahora, su teoría es que nuestra brana se cruza lentamente con otra y, cuando establecen contacto (quizá cada billón de años) provocan un Big Bang y el nacimiento de nuevos universos.

Esta idea anda lejos de ser aceptada en general, pero es un consuelo pensar que nuestro universo agonizante pudiera un día dar a luz a otro nuevo, tan glorioso como su progenitor.

Fuente: www.astrored.org

El final de nuestro Universo

¿Cómo morirá el universo? El mero hecho de intentar responder a esta pregunta, que es la cuestión definitiva de la cosmología, excede a los límites de los conocimientos actuales. Sin embargo, la búsqueda de una solución a este intrincado asunto ha desafiado y reformado, en los últimos 20 años, muchas de nuestras ideas fundamentales sobre el cosmos. No hace mucho, el destino del universo parecía relativamente claro, y había tres posibles resultados. El escoger el acertado era, simplemente, cuestión de afinar en los cálculos.

 
La solución más ampliamente aceptada quizá era que el mundo terminaría en un Big Crunch, o “Gran Implosión”, donde menguaría la tasa de expansión y empezaría a dominar la gravedad. La expansión se invertiría entonces y, a lo largo de muchos miles de millones de años, las galaxias y los cúmulos de galaxias irían acercándose poco a poco. Conforme se comprimiera, también se calentaría hasta que, finalmente, todo se descompondría en una sopa de partículas parecida a la que se produjo con el Big Bang, y el universo volvería a la singularidad de la que surgió.

Universo en expansión por el Big Bang

La teoría del Big Crunch tiene el atractivo de que es un final pero, al tiempo, abre la posibilidad de una continuidad: tal implosión podría dar lugar a un nuevo Big Bang y a todo un universo nuevo. Este ciclo podría haberse producido ya muchas veces atrás, antes de dar lugar a nuestro cosmos particular que conocemos.

Las otras dos opciones eran, en definitiva, variaciones sobre el mismo tema. La expansión del universo podría ser demasiado potente como para que la gravedad pudiera siquiera aminorar su marcha, o las cosas podrían estar tan equilibradas que la expansión se ralentizaría poco a poco hasta hacerse casi nula, pero el universo no llegaría nunca a contraerse. Cualquiera de los dos escenarios condena al universo a un “Big Chill”, o “Gran Enfriamiento”, en donde conforme la materia del cosmos se dispersa y escasea el material para la formación de estrellas, la luz del universo se debilita hasta apagarse y lo único que queda es una larga eternidad fría.

Escoger un destino


Entonces, ¿cuál de estas dos alternativas se daría? Las mediciones cruciales, de las que dependía el destino del universo, eran el ritmo al que se expande el cosmos y su densidad actual. Desde que Edwin Hubble demostró que el universo se expandía, los astrónomos han intentado medir con precisión esta tasa de expansión, conocida como “Constante de Hubble“, pero sólo en años recientes hemos obtenido una respuesta razonablemente precisa.

De la misma forma ha resultado difícil calcular la masa entera del universo ya que no sólo hay que contar la materia visible, sino también la materia oscura. Sin embargo, al casarlas con la constante de Hubble, incluso las mejores estimaciones parecían llevar siempre a una conclusión frustrante: el universo parecía oscilar alrededor de la “densidad crítica”, como si estuviera indeciso entre el frío eterno de la expansión continuada y el ardiente final de un Big Crunch. Pero entonces, a finales de la década de los noventa, se produjo un descubrimiento sorprendente que pareció resolver el dilema de una vez por todas.

La energía oscura

A finales de la década de los noventa, un equipo de astrónomos se embarcó en un ambicioso proyecto para cotejar las mediciones de la constante de Hubble que realizaba el telescopio espacial Hubble. El equipo cayó en la cuenta de que había otra clase de estrellas tan útiles para determinar distancias como las variables cefeidas y que servían a distancias mucho mayores que éstas.

Se trataba de las supernovas de Tipo I. Como sea que estas brillantes explosiones estelares sean causadas siempre por el mismo suceso, cual es el colapso en estrella de neutrones que una enana blanca que sobrepasa el límite de Chandrasekhar (1,4 masas solares), siempre liberan la misma cantidad de energía y siempre alcanzan la misma luminosidad máxima. Empleando los telescopios más potentes, los astrónomos se dedicaron a buscar todas las supernovas de Tipo I posibles en los lejanos límites del universo.

Lo que observaron cambió nuestra imagen del cosmos. Las supernovas lejanas eran uniformemente menos brillantes y por lo tanto estaban más alejadas de lo que se esperaba. La única explicación que cabe es que la expansión del universo se hubiera acelerado a lo largo de su historia. Parece que actúa una fuerza invisible que impulsa la expansión del universo y contrarrestra los intentos de la gravedad por frenarla. A esta nueva fuerza se la conoce como “energía oscura” y, aunque su causa y naturaleza son todavía un profundo misterio, las consecuencias son claras. La energía oscura parece condenar a nuestro universo a la expansión eterna y a una muerte lenta y fría.

No obstante, la nueva fuerza si añade otro posible destino a nuestra selección. Parece que la fuerza de la energía oscura en el universo aumenta con el paso del tiempo; unas mediciones perfeccionadas apuntan a que la gravedad consiguió ralentizar la expansión cósmica hasta hace unos 6.000 millones de años, cuando la energía oscura se incrementó lo suficiente como para superarla. Si la energía continúa aumentando de forma constante, condenará probablemente al universo a un Gran Enfriamiento, pero algunos argumentan que el incremento podría hacerse a un ritmo exponencial. En algún momento del futuro, esto podría significar que la energía oscura venciera las fuerzas gravitatorias locales e incluso las que dominan los núcleos atómicos. El resultado sería un suceso cataclísmico en el que la materia del cosmos se descompondría en el llamado “Big Rip” o Gran Desgarro.

Una animación de cómo una galaxia
es afectada por el Gran Desgarro

El Gran Enfriamiento

Cuanto más averiguamos acerca de la materia oscura, más probable parece que el universo se enfrente a un futuro largo y frío. ¿Cómo sería entonces este llamado “Big Chill”? Al principio, el cosmos cambiará poco del estado en que lo conocemos. Continuarán formándose nuevas generaciones de estrellas y galaxias pero, al reducirse la cantidad de gas disponible para la formación estelar, las fusiones entre galaxias llevarán a que la mayoría de los cúmulos estén dominados por galaxias elípticas gigantes. Dentro de varios billones de años, incluso las estrellas de estas galaxias se habrán extinguido y en el universo sólo quedarán carcasas estelares carbonizadas orbitando gigantescos agujeros negros.

Con el tiempo, todo se degradará a una forma más simple y ni siquiera estos remanentes estelares muertos serán una excepción. En un futuro inconcebiblemente lejano, incluso los agujeros negros se harán inestables y se evaporarán en un estallidos de luz. Después, las carcasas estelares consumidas perderán su integridad y colapsarán en una nueva generación de pequeños agujeros negros, condenados al mismo destino. Finalmente, nada quedará de nuestro una vez magnífico universo salgo una sopa dispersa de partículas subatómicas que flotarán eternamente en una absoluta oscuridad.

Algunos cosmólogos piensan que el universo puede tener una suspensión de condena y especulan que se ha formado en la superficie de un objeto multidimensional llamado “brana“. Imposible de demostrar hasta ahora, su teoría es que nuestra brana se cruza lentamente con otra y, cuando establecen contacto (quizá cada billón de años) provocan un Big Bang y el nacimiento de nuevos universos.

Esta idea anda lejos de ser aceptada en general, pero es un consuelo pensar que nuestro universo agonizante pudiera un día dar a luz a otro nuevo, tan glorioso como su progenitor.

Fuente: www.astrored.org

l satélite Integral de la ESA ha sido capaz de detectar partículas un milisegundo antes de que quedasen sumidas en un agujero negro, pero ¿quedarán atrapadas para siempre? Los resultados de las últimas observaciones sugieren que aún tienen una oportunidad para escapar.
 
A nadie le gustaría estar cerca de un agujero negro. A cientos de kilómetros de su superficie, el espacio se convierte en una vorágine de partículas y radiación; torrentes de moléculas de gas caen hacia el interior del agujero a velocidades próximas a la de la luz, calentándose hasta alcanzar temperaturas de millones de grados.

Habitualmente, las partículas quedan atrapadas en esta trampa mortal en cuestión de milisegundos, pero una pequeña fracción podría tener la oportunidad de escapar.

Gracias a las nuevas observaciones realizadas por Integral, los astrónomos tienen la certeza de que esta caótica región está surcada por una compleja red de campos magnéticos.

Esta es la primera vez que se identifica la presencia de campos magnéticos tan cerca de un agujero negro. Por si esto fuera poco, Integral ha demostrado que estos campos presentan una compleja estructura que forma una especie de túneles por los que algunas partículas logran huir del pozo gravitatorio.  

Philippe Laurent, investigador del CEA en Saclay, Francia, y su equipo realizaron este descubrimiento estudiando el sistema binario de Cygnus X-1, en el que la gravedad del agujero negro está desmembrando la estrella que lo acompaña.

Todas las pruebas apuntan a que este campo magnético es suficientemente fuerte como para arrancar partículas del pozo gravitatorio y bombearlas hacia el exterior, proyectando un chorro de materia en el vacío del espacio. Las partículas que forman estos chorros ganan velocidad recorriendo trayectorias espirales, lo que afecta a una propiedad de la radiación conocida como polarización.

Los rayos gamma, al igual que la luz visible, son un tipo de onda electromagnética que puede oscilar en un plano determinado, cuya orientación se define mediante la ‘polarización’ de la onda. Cuando una partícula cargada describe una trayectoria curva a gran velocidad en el seno de un campo magnético, emite un tipo de radiación conocida como ‘sincrotrón’, que presenta un patrón de polarización muy característico. Esto es precisamente lo que el equipo de Laurent ha descubierto en los rayos gamma procedentes de Cygnus X-1.

“Hemos tenido que comparar prácticamente todas las observaciones de Cygnus X-1 realizadas por Integral para ser capaces de detectar este fenómeno”, explica Laurent. 

El histórico de las observaciones realizadas a lo largo de siete años suma un total de cinco millones de segundos, lo que sería el equivalente a tomar una única imagen con un tiempo de exposición de más de dos meses. El equipo de Laurent ha combinado todas las observaciones realizadas por Integral para obtener esta exposición equivalente.

“Todavía no comprendemos exactamente cómo la materia que cae en el agujero negro termina siendo arrastrada por estos chorros; hay un gran debate entre los teóricos, pero sin duda estas observaciones les ayudarán a alcanzar un consenso”, explica Laurent.

Estos chorros de partículas se conocen desde hace tiempo gracias a las observaciones realizadas con radiotelescopios, pero la resolución de estos instrumentos no permite observar el agujero negro con el nivel de detalle necesario para determinar con precisión a qué distancia de su centro se generan. Esta limitación es lo que convierte a las observaciones realizadas por Integral en un descubrimiento sin precedentes.

“El descubrimiento de radiación polarizada en los chorros emitidos por un agujero negro es un gran avance que demuestra que Integral, la misión de la ESA encargada de observar las bandas de alta energía del espectro electromagnético, continúa generando resultados clave ocho años después de su lanzamiento”, concluye Christoph Winkler, Científico del Proyecto Integral para la ESA.

Fuente: http://www.astrored.org

l satélite Integral de la ESA ha sido capaz de detectar partículas un milisegundo

l satélite Integral de la ESA ha sido capaz de detectar partículas un milisegundo antes de que quedasen sumidas en un agujero negro, pero ¿quedarán atrapadas para siempre? Los resultados de las últimas observaciones sugieren que aún tienen una oportunidad para escapar.
 
A nadie le gustaría estar cerca de un agujero negro. A cientos de kilómetros de su superficie, el espacio se convierte en una vorágine de partículas y radiación; torrentes de moléculas de gas caen hacia el interior del agujero a velocidades próximas a la de la luz, calentándose hasta alcanzar temperaturas de millones de grados.

Habitualmente, las partículas quedan atrapadas en esta trampa mortal en cuestión de milisegundos, pero una pequeña fracción podría tener la oportunidad de escapar.

Gracias a las nuevas observaciones realizadas por Integral, los astrónomos tienen la certeza de que esta caótica región está surcada por una compleja red de campos magnéticos.

Esta es la primera vez que se identifica la presencia de campos magnéticos tan cerca de un agujero negro. Por si esto fuera poco, Integral ha demostrado que estos campos presentan una compleja estructura que forma una especie de túneles por los que algunas partículas logran huir del pozo gravitatorio.  

Philippe Laurent, investigador del CEA en Saclay, Francia, y su equipo realizaron este descubrimiento estudiando el sistema binario de Cygnus X-1, en el que la gravedad del agujero negro está desmembrando la estrella que lo acompaña.

Todas las pruebas apuntan a que este campo magnético es suficientemente fuerte como para arrancar partículas del pozo gravitatorio y bombearlas hacia el exterior, proyectando un chorro de materia en el vacío del espacio. Las partículas que forman estos chorros ganan velocidad recorriendo trayectorias espirales, lo que afecta a una propiedad de la radiación conocida como polarización.

Los rayos gamma, al igual que la luz visible, son un tipo de onda electromagnética que puede oscilar en un plano determinado, cuya orientación se define mediante la ‘polarización’ de la onda. Cuando una partícula cargada describe una trayectoria curva a gran velocidad en el seno de un campo magnético, emite un tipo de radiación conocida como ‘sincrotrón’, que presenta un patrón de polarización muy característico. Esto es precisamente lo que el equipo de Laurent ha descubierto en los rayos gamma procedentes de Cygnus X-1.

“Hemos tenido que comparar prácticamente todas las observaciones de Cygnus X-1 realizadas por Integral para ser capaces de detectar este fenómeno”, explica Laurent. 

El histórico de las observaciones realizadas a lo largo de siete años suma un total de cinco millones de segundos, lo que sería el equivalente a tomar una única imagen con un tiempo de exposición de más de dos meses. El equipo de Laurent ha combinado todas las observaciones realizadas por Integral para obtener esta exposición equivalente.

“Todavía no comprendemos exactamente cómo la materia que cae en el agujero negro termina siendo arrastrada por estos chorros; hay un gran debate entre los teóricos, pero sin duda estas observaciones les ayudarán a alcanzar un consenso”, explica Laurent.

Estos chorros de partículas se conocen desde hace tiempo gracias a las observaciones realizadas con radiotelescopios, pero la resolución de estos instrumentos no permite observar el agujero negro con el nivel de detalle necesario para determinar con precisión a qué distancia de su centro se generan. Esta limitación es lo que convierte a las observaciones realizadas por Integral en un descubrimiento sin precedentes.

“El descubrimiento de radiación polarizada en los chorros emitidos por un agujero negro es un gran avance que demuestra que Integral, la misión de la ESA encargada de observar las bandas de alta energía del espectro electromagnético, continúa generando resultados clave ocho años después de su lanzamiento”, concluye Christoph Winkler, Científico del Proyecto Integral para la ESA.

Fuente: http://www.astrored.org

http://blip.tv/play/%2B3KCrecnAg

Todos poseemos un talento, todos tenemos la capacidad de ser creativos; y la mayoría vivimos sin saberlo, convencidos muchas veces de que el creativo es aquel que sabe componer melodías, o escribir una poesía.

Ken Robinson reclama en este capítulo de Redes la necesidad de que en nuestra sociedad existan entornos donde cada uno pueda encontrar la inspiración necesaria para desarrollar su creatividad.

(Source: http://blip.tv/)