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Durante miles de años, la humanidad ha encontrado consuelo con su presencia. Ha sido un faro para los viajeros nocturnos, un reloj para los agricultores y una guí­a para los marineros en el mar. Para algunas culturas, ha sido incluso un dios. Es el único cuerpo cósmico que ha sido visitado por seres humanos. A distancia, la luminosidad de la Luna nos ha fascinado desde el principio de los tiempos. Además, un examen más cercano a este faro en la oscuridad del cielo revela una fuente omnipresente de mito, intriga, controversia y misterios sin resolver. El campo de la ciencia puede arrojar una luz empí­rica sobre algunos aspectos del Universo, pero los expertos lunares son los primeros en admitir que no tienen todas las respuestas cuando se trata de nuestra Luna. Durante este espacio se examinan las teorí­as sobre los fenómenos lunares transitorios que han dejado perplejos a los cientí­ficos durante siglos. Viajaremos hasta aguas canadienses para observar los efectos de la Luna en nuestro planeta mediante las mareas. Asimismo, desempolvaremos algunos mitos antiquí­simos y sopesaremos los argumentos que sostienen que sin nuestra Luna, la humanidad podrí­a no existir siquiera.

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Un arco de luz se extiende desde el Monte Lassen, a la izquierda, hasta el Monte Shasta, a la derecha, en una panorámica que abarca de un extremo a otro de la bóveda celeste (click para agrandar). Esta es la gran ciudad galactica, de la que el Sol es una de sus 200.000 Millones de habitantes estelares, se muestra aquí con todo su esplendor y nos ayuda a comprender que, a pesar de la sensación de ser el centro de todo, de que nosotros y nuestro mundo somos el pilar del Cosmos, simplemente representamos una pequeña parte de un todo inmenso. Una realidad que siempre estuvo delante de nosotros pero que, hasta hace muy poco, no fuimos capaces de entender.

Conocida desde el momento en que el ser Humano, en su camino evolutivo, empezó a tener consciencia de sí mismo y del mundo que le rodeaba, y con ello intento dar una explicación a cosas que no podia entender, este río de luz pronto fue escenario de numerosos mitos y leyendas, la única manera con la que las gentes de la antigüedad podían dar sentido a su mundo. Para los griegos era la leche materna derramada por la Diosa Hera cuando amamantó a Heracles, y de ahi el nombre de “Vía Láctea”. Como heredera de la Cultura Griega, la civilizacion occidental conservó esta denominación, que con el tiempo se hizo universal.

Evidentemente no sólo los Griegos vieron una naturaleza mítica en el. Los vikingos, por ejemplo, creían que era un camino que llevaba al Valhalla, destino de las almas de los muertos, mientras que los celtas afirmaban que se dirigía al castillo de la reina de las hadas. En otros casos más alejados del mundo occidental, como son las culturas china y japonesa, se hablaba de un río de plata celestial.

Pero, como en todas las epocas, hubo personas adelantadas a su tiempo. Así, el filósofo griego Demócrito (460 a. C. – 370 a. C.) sostuvo que la Vía Láctea era un conglomerado de muchísimas estrellas, aunque demasiado lejanas para ser vistas de forma individual; lo que era completamente cierto.

Sin embargo era una idea demasiado revolucionaria para poder ser aceptada por sus contemporáneos, en especial porque, evidentemente, no había forma de demostrarlo, y fue rechazada con firmeza. Serían necesarios varios milenios y la llegada de los primeros telescopios para demostrar que, al fin y al cabo, Demócrito siempre tuvo razón. Como en muchos otros casos, el tiempo le dio el reconocimiento que jamas recibió en vida.

Formada por 24 tomas individuales y realzada para poderla apreciar mejor, la panorámica permite observar el centro de nuestra Galaxia en el lado derecho, justo encima del Monte Shasta, alrededor del cual todas las estrellas (incluido el Sol y su sistema planetario, a la nada despreciable velocidad de 250 Kilómetros por segundo) giran, y que se cree contiene un agujero negro supermasivo. Igualmente son visibles, recortadas en el fondo luminoso, las oscuras nubes de gas y polvo que se extienden por todo el plano galáctico, el material del que nacerán nuevas generaciones estelares.

Seguro que a Demócrito le habría encantado esta fotografía.

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A mediados del siglo XIX, cuando Charles Darwin se propuso demostrar y buscar las pruebas necesarias para apoyar su teoría de la evolución de las especies por selección natural, no dispuso de las herramientas de la genética moderna o del análisis de ADN, desconocido por entonces. No obstante, realizó por su cuenta ingeniosos experimentos en el jardín de la casa donde vivió más de cuarenta años (convertida en museo actualmente): la Down House, en el condado de Kent, al sur de Londres.

En esta serie, Jimmy Doherty recrea muchas de estas investigaciones en la antigua casa de Darwin, aplicando un enfoque práctico. Rememorando los experimentos que dieron lugar a la publicación, en 1859, de la teoría de la evolución de las especies, Jimmy Doherty descubre la dinámica de Darwin y, a través de ellos, nos desvela los secretos de la evolución.

Una estrella gigante en una galaxia muy lejana puso fin a su vida con una agonía polvorienta en vez de con la típica de explosión de supernova. Un equipo de astrónomos que ha analizado los acontecimientos de los últimos años sospecha que este extraño evento, el primero de su tipo que ha sido visto por los astrónomos, era más común en la infancia del universo.

La supernova apareció a finales de Agosto de 2007, en un rastreo meticuloso del Telescopio Espacial Spitzer.

El astrónomo Christopher Kochanek de la Universidad Estatal de Ohio, y sus colegas, buscaban datos reunidos en dicho rastreo que hiciesen referencia a núcleos galácticos activos (AGNs, por sus siglas en inglés), que son agujeros negros supermasivos actuando sobre la materia circundante en el centro de galaxias. Un AGN emite enormes cantidades de calor a medida que el material es absorbido por el agujero negro.

Normalmente, los astrónomos no esperarían encontrar una supernova de esta manera. Tal como señala Szymon Kozlowski, las supernovas desprenden la mayor parte de su energía en forma de luz, no de calor.

Sin embargo, un punto muy caliente, que apareció en una galaxia a unos 3.000 millones de años-luz de la Tierra, no encajaba con la señal de calor típica de un AGN. El espectro visible de la luz procedente de la galaxia tampoco evidenciaba la presencia de un AGN.

El enorme calor emitido por el objeto durante algo más de seis meses, que luego se desvaneció a principios de Marzo de 2008, era otra pista de que el objeto era una supernova.

En seis meses, liberó más energía de la que nuestro Sol podría producir en toda su vida.

Los astrónomos sabían que si la fuente era una supernova, la extrema cantidad de energía que emitió la calificaría como una de las más potentes conocidas, es decir una hipernova. Sin embargo, la temperatura exterior del objeto fue de sólo unos 700 grados centígrados, apenas más caliente que la superficie del planeta Venus. ¿Qué podría absorber tal cantidad de energía lumínica y disiparla como calor?

La respuesta: polvo, y mucho.

Los astrónomos hicieron un análisis retrospectivo para determinar qué clase de estrella podría haber dado lugar a la supernova y cómo el polvo fue capaz de amortiguar en parte la explosión. Calcularon que la estrella probablemente era una gigante por lo menos 50 veces más masiva que nuestro Sol. Tales estrellas masivas suelen arrojar nubes de polvo a medida que se acercan al final de su existencia.

Esta estrella especial debe haber tenido por lo menos dos de tales expulsiones masivas de polvo. Los autores del estudio determinaron que una aconteció unos 300 años antes de la explosión en forma de supernova, y la otra unos cuatro años antes de tal explosión. Ambas eyecciones de polvo y gas se mantuvieron en torno a la estrella a modo de mantos, cada una formando una cáscara que se fue expandiendo poco a poco. La cáscara interna, la de cuatro años antes de la supernova, debía estar muy cerca de la estrella cuando ésta entró en fase de supernova, mientras que la cáscara externa generada 300 años antes debía estar mucho más lejos.

Los investigadores piensan ahora que la capa exterior debe ser casi opaca, por lo que absorbe toda la energía luminosa que se emite a través de la capa interior, y la convierte en calor.

Es por eso que la supernova apareció en la inspección del Spitzer como una nube de polvo caliente.

Un fenómeno similar podría darse en nuestra propia galaxia. Si Eta Carinae, una de las más brillantes estrellas de la Vía Láctea, entrase hoy en fase de supernova, veríamos un acontecimiento muy parecido al de la rara agonía polvorienta analizada en este nuevo estudio, según cree Kochanek.

Eta Carinae consta en realidad de dos estrellas. Este sistema binario se halla a unos 7.500 años-luz de la Tierra, y sus dos estrellas están envueltas por una distintiva cáscara de polvo. Los astrónomos creen que esta envoltura de polvo, una nebulosa en toda regla, fue creada cuando la más grande de las dos estrellas sufrió una enorme erupción solar alrededor de 1840. También creen que habrá más explosiones en este sistema binario.

Información adicional en:

Fuente: http://www.amazings.com


¿Qué ha visto la sonda Cassini desde su llegada a Saturno? Este vídeo muestra secuencias de lo más destacado. En la primera secuencia (00:07), aparece una línea vertical que son los anillos finos de Saturno vistos de lado. Acto seguido, se ven pasar velozmente algunas de sus lunas. El vídeo está repleto de detalles. La sonda Cassini lleva revolucionando, desde 2004, el conocimiento de la humanidad sobre Saturno.

Credit: Images: Cassini Imaging TeamISSJPLESANASA

Video Compilation: Chris Abbas

Music Credit & License: Ghosts I-IV (Nine Inch Nails)