http://videobb.com/e/SGPwQddfL7zZ

En 1959, en los albores de la era espacial, científicos soviéticos y americanos ansiaban ser los primeros en llegar a la Luna. La Unión Soviética lanzó el “Lunic” (pequeña luna), con el objetivo de plantar un estandarte soviético en la Luna. A las pocas horas del lanzamiento, se hizo evidente que el Lunic no alcanzaría su objetivo. Los científicos soviéticos veían como su pequeña sonda se unía a los otros planetas en un viaje sin fin alrededor del sol. Por ello, decidieron renombrar a su nave “Metcha” (el sueño). Así empieza este vídeo, un documental que habla sobre los diversos mundos que forman nuestro Sistema Solar.

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Arriba, detrás de la oscura nube, tenemos una nube iridiscente pileus, un grupo de gotas de agua con una forma muy similar y que todas juntas difractan diferentes colores de la luz solar en distintas cantidades. La imagen de arriba se tomó justo después de que esta pintoresca vista fuera advertida de casualidad por un fotógrafo en Etiopia. En una vista con más detalle (click aquí) de la misma nube no sólo vemos muchos colores, sino unas bandas onduladas e inusualmente oscuras cuyos orígenes parecen estar relacionados con perturbaciones de onda en la nube.

Crédito de imagen y Copyright: Esther Havens (Light the World)

Dos colaboraciones experimentales en el Gran Colisionador de Hadrones, situado en el laboratorio CERN, cerca de Ginebra, Suiza, han anunciado hoy mismo que la región de masas en la que el Bosón de Higgs parece estar escondido se ha estrechado de manera significativa.

Los experimentos ATLAS y CMS excluyen categóricamente el 95% de la certidumbre de existencia del Higgs sobre la mayor parte de la masa comprendida en la región que va desde los 145 a los 466 Gev. Estos nuevos resultados han sido anunciados en la conferencia bienal Lepton-Fotón, que se desarrolla este año en Bombay, India.

“Cada vez que añadimos datos a nuestros análisis, nos acercamos más y más al lugar donde Higgs debe estar escondido”, afirmó Darin Acosta, profesor de la Universidad de Florida y físico coordinador delegado del experimento CMS.

Más de 1.700 científicos, ingenieros y estudiantes graduados de los Estados Unidos colaboran en los experimentos del LHC; la mayoría de ellos lo hacen en el ATLAS y en el CSM, gracias a los fondos de la Oficina Científica del Departamento de Energía y de la Fundación Nacional de Ciencia. El Laboratorio Nacional de Brookhaven les sirve como base para la participación en el experimento Atlas, así como el Laboratorio Nacional del Acelerador Fermi para la participación en el experimento CSM.

La partícula de Higgs es la única pieza del marco teórico conocido como Modelo Estándar de Partículas y Fuerzas que todavía no ha sido observada. De acuerdo con este modelo el Bosón de Higgs explica por qué algunas partículas tienen masa y otras no.

“Cuantos más datos recaban los experimentos, más científicos pueden hablar con mayor certidumbre estadística”, declaró Konstantinos Nikolopoulos, uno de los físicos de Laboratorio Nacional de Brookhaven que trabajan en el experimento ATLAS; y añadió ”El LHC nos ha entregado datos en cantidades impresionantes; la máquina está funcionando más allá de lo esperable”.

Los investigadores del ATLAS y del CSM habían anunciado a la vez pequeños posibles atisbos del Bosón de Higgs en el mismo rango de masas en la conferencia de la Sociedad Física Europea el pasado julio. Esas pistas han pasado a ser menos concluyentes a medida que se ha aumentado la cantidad de datos en los posteriores análisis.

“Son tiempos muy excitantes para la física de partículas”, aseguró el director de investigación del CERN Sergio Bertolucci. “Los descubrimientos están casi asegurados en los próximos doce meses. Y si es que el Bosón de Higgs existe, los experimentos del LHC pronto darán con él; si no, su ausencia abrirá las puertas a nueva física”.

Los experimentos van en camino de conseguir al menos el doble de cantidad de datos que han recaudado a finales de año.

Artículo original:

– LHC experiments eliminate more Higgs hiding spots (Fuente: Fermilab)

El observatorio espacial Herschel de la ESA ha encontrado moléculas de oxígeno en una cercana nube de formación de estrellas. Este descubrimiento es la primera prueba irrefutable de la existencia de oxígeno molecular en el espacio. Con él concluye una larga búsqueda, aunque da pie a nuevas cuestiones.Estas moléculas de oxígeno han sido detectadas en el cercano complejo de formación de estrellas de Orión.

Si bien ya hace tiempo que se conoce la existencia de oxígeno atómico en las regiones templadas del firmamento, todas las misiones que trataron de encontrar su variedad molecular – compuesta por dos átomos de oxígeno – habían vuelto con las manos vacías.

No obstante, la cantidad de oxígeno atómico detectada era mucho menor de lo esperado, lo que dio pie a la pregunta de “¿dónde se esconde todo el oxígeno que existe en las nubes frías?”

El Satélite Astronómico de Ondas Submilimétricas (SWAS) de la NASA y la misión sueca Odín se dedicaron a la búsqueda de oxígeno molecular en el Universo, estableciendo que su abundancia también es mucho menor de lo que se pensaba inicialmente.

Una hipótesis que podría explicar estos hechos sugiere que los átomos de oxígeno se congelan, dando lugar a minúsculos granos de polvo que se unen a las moléculas de hielo, ocultando su presencia.

Si fuese cierta, el hielo se evaporaría en las regiones más cálidas, liberando agua en estado gaseoso y permitiendo la formación y la detección del oxígeno molecular.

Paul Goldsmith, científico del proyecto Herschel para la NASA en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena, California, y un equipo internacional de investigadores fueron en su búsqueda con la ayuda de Herschel.

Para ello, utilizaron el instrumento HIFI de Herschel para observar las longitudes de onda del infrarrojo lejano, y estudiaron la región de Orión, en la que las estrellas en formación calientan el polvo y el gas que las rodea.

El estudio, realizado en tres bandas de frecuencia del infrarrojo, fue todo un éxito. El equipo de investigadores ha encontrado una molécula de oxígeno por cada millón de moléculas de hidrógeno.

“Esto podría explicar dónde se esconde parte del oxígeno”, comenta Goldsmith. “Sin embargo, todavía no hemos encontrado grandes cantidades, y tampoco sabemos qué tienen de especial los lugares en los que lo hemos encontrado. El Universo todavía guarda muchos secretos”.

El oxígeno, en todas sus formas, es el tercer elemento más abundante del Universo y uno de los componentes principales de nuestro planeta. Lo podemos encontrar en nuestra atmósfera, en los océanos y en las rocas, y es fundamental para la vida tal y como la conocemos, ya que respiramos su forma molecular.

Aunque la búsqueda continúa, Göran Pilbratt, Científico del Proyecto Herschel para la ESA, cree que nos encontramos ante un avance significativo: “Gracias a Herschel, ahora disponemos de pruebas irrefutables de que el oxígeno molecular está ahí fuera. Todavía quedan muchas preguntas por resolver, pero la gran capacidad de Herschel nos permitirá hacerles frente”.

Fuente: http://www.astronavegador.com

Imagen: STSci/DSS

Investigadores del NASA Goddard Space Flight Center de Greebelt, Maryland, han encontrado las bases de la vida en meteoritos, lo que indica que los componentes de la vida en la Tierra podrían haberse originado en el espacio exterior.

 Según lo reportado, los “ladrillos” del ADN podrían haberse estrellado en la superficie de la Tierra en objetos meteóricos, para luego ensamblarse en condiciones primitivas y crear el ADN que nos construye.

Después de analizar muestras de 12 meteoritos ricos en carbono, nueve de ellos de la Antártida, los investigadores procedieron a determinar su estructura. 

Durante la prueba encontraron adenina y guanina, las bases nitrogenadas necesarias para los peldaños de la escalera en espiral del ADN (además de la timina y la citosina, que no estaban presentes en la muestra).

Además de esto encontraron hipoxantina y xantina, que no son parte del ADN pero que se utilizan en diversos procesos biológicos.

“Por primera vez, tenemos tres líneas de evidencia que juntas nos dan la confianza de que estos bloques de construcción del ADN en realidad fueron creados en el espacio”, dijo el Dr. Michael Callahan, participante en la investigación.

A pesar de los resultados es necesario un análisis científico más profundo, porque descubrir que los ingredientes de la vida vienen del espacio exterior cambiaría nuestra imagen de la vida en el universo.

Siguiente parada: Júpiter. La semana pasada tuvo lugar una de las pocas veces en la historia en que la humanidad lanza algo completamente fuera de la Tierra, a una velocidad tal que la sonda Juno nunca regresará… o casi. De hecho, la trayectoria planeada para Juno la traerá de vuelta a las cercanías de la tierra dentro de dos años, usando la gravedad de nuestro planeta para aumentar su velocidad (aún más) y alcanzar Júpiter. El vídeo muestra el lanzamiento de la sonda Juno de la mano del cohete Atlas V. Cuando la nave robótica Juno alcance el sistema joviano en 2016, orbitará al planeta más grande del Sistema Solar durante un año. Con sus instrumentos analizará el planeta, enviándonos pruebas de su estructura, orígenes y evolución. Después de esto, la sonda será programada para meterse de cabeza en la densísima y misteriosa atmósfera de Júpiter, recogiendo tantos datos como pueda antes de derretirse.

Venus es casi el gemelo de la Tierra en cuanto a masa y tamaño, y es probable que ambos planetas compartieran también otras muchas características en la época de su formación. Pero 4.500 millones de años de evolución han hecho que el mundo más caliente del sistema solar sea hoy muy distinto de la Tierra, rico en fenómenos que intrigan a los investigadores. Uno de ellos es la llamada superrotación, que consiste en que las nubes más altas de la atmósfera venusiana giran en torno a Venus muchísimo más rápido de lo que el propio planeta rota sobre sí mismo. El Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco (UPV) ha obtenido nuevas pistas para resolver el misterio.

 

Las más de 30 naves rusas y estadounidenses que han visitado Venus desde los años sesenta han revelado un planeta extremo en muchos sentidos. Venus rota muy lentamente: tarda 224 días terrestres en completar un giro. La densidad de su atmósfera hace que la presión en su superficie sea 90 veces la terrestre, equivalente a la que hay a un kilómetro de profundidad en el océano. Esa atmósfera tiene cantidades ingentes de dióxido de carbono, lo que provoca un efecto invernadero desbocado que eleva las temperaturas superficiales a los 450 grados centígrados. El plomo sería líquido en Venus. Completan el infierno las densas capas de nubes de ácido sulfúrico que cubren todo el planeta a entre 45 y 70 kilómetros de altura.

La superrotación es un llamativo exotismo añadido. En los sesenta, los telescopios descubrieron que la parte superior de la capa de nubes se mueve muy rápidamente, hasta el punto de que completa una vuelta al planeta en sólo cuatro días terrestres. Hoy se sabe que los vientos que arrastran las nubes soplan a 360 kilómetros por hora.

El grupo de la Universidad del País Vasco, dirigido por Agustín Sánchez Lavega, ha recurrido ahora a las observaciones de la nave Venus Express, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), para analizar los vientos en la atmósfera venusiana, y “determinar con detalle su estructura global”, señalan los investigadores. Los resultados “ayudarán a interpretar el misterioso fenómeno de la superrotación”.

Tras tomar imágenes durante el día y la noche de Venus a lo largo de varios meses, la cámara VIRTIS de Venus Express ha revelado, por ejemplo, que la intensidad de los vientos varía en función de la latitud. Así, entre el ecuador y las latitudes medias de Venus, los vientos de la superrotación son constantes, si bien en vertical, dentro de la atmósfera, su velocidad disminuye con la altura y pasa de 370 kilómetros por hora a 180 kilómetros por hora. Fuera de las latitudes medias del planeta los vientos decrecen hasta hacerse nulos en el polo, en donde se forma un inmenso vórtice.

También se ha visto que, al contrario de lo que se pensaba, la ultrarrotación parece no ser constante en el tiempo: “Hemos detectado fluctuaciones en su velocidad que aún no entendemos”, dicen los investigadores. Además, han observado por primera vez “cómo el movimiento relativo del Sol sobre las nubes, y el intenso calor que deposita en ellas, hace que la superrotación sea más intensa al atardecer que al amanecer”.


Sin embargo, los nuevos datos no bastan para resolver este misterio. “Aún no somos capaces de explicar por qué un planeta que gira tan lento tiene vientos globales huracanados mucho más intensos que los terrestres, y además concentrados en la cima de sus nubes”, comenta Sánchez Lavega.

Fuente: http://www.iesleonardoalacant.es 

Fotos:NASA