Los neutrinos alcanzan una velocidad superior a la de la luz, según los primeros resultados avanzados hoy en París de la experiencia internacional OPERA después de unas pruebas realizadas en el laboratorio de física CERN.

Así lo adelantó el Centro Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), que da cuenta de la prueba llevada a cabo desde las instalaciones del CERN en Ginebra, con el lanzamiento de neutrinos, partículas subatómicas, disparadas hacia un laboratorio italiano a 730 kilómetros de distancia. El centro galo califica el resultado con los neutrinos de “sorprendente” aunque titula su comunicado, a la espera de la presentación oficial de los resultados en la ciudad suiza, entre interrogantes: “¿más rápido que la luz?”.

Los neutrinos llegaron a su destino, en Gran Sasso, 60 nanosegundos más rápidos que la luz, que cubre esa distancia en 2,4 milisegundos, explicó Dario Autiero, director del equipo e investigador en el CNRS.

“Hemos puesto en marcha un dispositivo entre el CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) y el Gran Sasso que nos permitió una sincronización a nivel de nanosegundos y hemos medido la distancia entre los dos sitios con (una precisión de) veinte centímetros”, explicó Autiero en un comunicado del CNRS. “Estas mediciones presentan escasas dudas y una estadística tal que concedemos una gran confianza a nuestros resultados”, estimó.

Más de un siglo después de que Albert Einstein enunciara la teoría de la relatividad, en 1905, “la experiencia OPERA da testimonio de un resultados totalmente inesperado: los neutrinos llegan a Gran Sasso con una ventaja pequeña, pero significativa, con relación al tiempo que la luz hubiera necesitado para cubrir el mismo recorrido en el vacío”.

Los resultados se basan sobre la observación de más de 15.000 neutrinos, precisó la institución francesa.

Hasta ahora, la velocidad de la luz ha sido considerada como un límite infranqueable y si no fuera así, “eso podría abrir perspectivas teóricas completamente nuevas”, agregó el CNRS que, no obstante, estima que harán falta “mediciones independientes para que el efecto observado pueda ser refutado o formalmente confirmado”. Y añadió que esa es la razón por la cual los investigadores del programa OPERA han decidido abrir el resultado de las pruebas “a un examen más amplio por parte de la comunidad de físicos.

La experiencia comenzó en 2006 para estudiar las transformaciones raras (oscilaciones) de los neutrinos muónicos en neutrinos tauónicos, una de las cuales pudo observarse en 2010, lo que dio testimonio de la capacidad única del programa para detectar esas señales.

En el laboratorio de física más grande del mundo se trabaja desde hace años para tratar de averiguar si es posible registrar velocidades superiores a la de la luz –299.792 kilómetros por segundo–, lo que va en contra de un pilar teórico de la física. Los resultados de los exámenes que se realizan son presentados al resto de la comunidad científica, principalmente a laboratorios similares en EEUU y Japón, para confirmar los resultados.

Presentación en el CERN

El CERN ha presentado los resultados de las pruebas en un seminario especializado. En él, Dario Auterio, miembro del Instituto de Física de Lyon (Francia) e integrante de OPERA, ha confirmado que “las mediciones indican una velocidad de los neutrinos, superior a la de la velocidad de la luz”.

Ante un seminario reunido en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), con sede en Ginebra, Auterio añadió que después de muchas evaluaciones “no podemos explicar los efectos observados en términos de las incertidumbres sistemáticas conocidas”.

Fuente: http://www.libertaddigital.com

Anuncios

El Observatorio Fabra de Barcelona es un observatorio astronómico obra de Josep Domènech Estapà. Fue construido en el año 1901, por iniciativa de Camil Fabra, marqués de Alella. A su lado se encuentra el Museo de Física Experimental La Mentora, obra de Ferran Alsina, que data de 1905.
Hoy en día, el Observatorio Fabra continúa desarrollando investigación científica en las tres ramas que lo han caracterizado durante estos últimos 100 años: la meteorología, la sismología y la astronomía. Su ubicación, a 413 metros de altura, entre pinares y con un horizonte claro, le ha permitido seguir disfrutando de un gran interés como fuente meteorológica y astronómica.

Fuente: Ayuntamiento de Barcelona – Tibidabo

Una de las partes fascinantes de la ciencia tiene lugar cuando las cosas no tienen sentido. Incluso en la actualidad existen resultados experimentales que los científicos más brillantes no pueden explicar ni desechar. En “Trece cosas que no tienen sentido”, Michael Brooks presenta trece anomalías modernas que pueden convertirse en conocimiento el día de mañana. ¿Acaso falta el noventa y seis por ciento del universo? ¿Cómo es posible que se haya demostrado que la mente puede tener más efecto sobre el cuerpo que un fármaco, y que al mismo tiempo sea indemostrable? ¿Cuál es la razón de ser de la reproducción sexual, y cuál es su relación con la muerte? ¿Qué es realmente la vida? ¿Cómo puede estar “demostrado” que el libre albedrío es una ilusión, si “sabemos” que no lo es? Brooks trata campos que van desde la química a la cosmología, a la psicología o a la física, y trata de manera emocionante la excitación de aquello que la ciencia desconoce. Todo con un rigor científico intachable, dejando que el lector saque sus propias conclusiones ahí donde procede. Los misterios de hoy, eso sí, son descubrimientos del mañana. O no.

Un equipo de astrónomos ha localizado un mundo exótico, que parece estar compuesto de diamante, girando a toda velocidad alrededor de una pequeña estrella en nuestro patio trasero galáctico. El nuevo planeta es mucho más denso que ninguno conocido hasta la fecha y está compuesto principalmente por carbono. A causa de su densidad los investigadores calculan que el carbono ha de ser cristalino así que gran parte de este extraño lugar será efectivamente de diamante.

“La historia evolutiva y la impresionante densidad del planeta sugieren que éste está hecho de carbono comprimido, una especie de diamante masivo que orbita una estrella de neutrones cada dos horas en una órbita tan pequeña que cabría dentro de nuestro Sol”, aseguró Matthew Bailes de la Universidad Tecnológica de Swinburne, en Melbourne.

A 4.000 años luz de distancia de la Tierra, lo que viene a ser un octavo de la distancia que nos separa del centro galáctico, el planeta es con toda probabilidad el remanente de la que fue una masiva estrella que ha perdido sus capas exteriores desgajadas por el púlsar alrededor del que gira sin cesar. Los púlsares son pequeñas estrellas muertas de neutrones que tienen un diámetro de unos 20 kilómetros y que giran cientos de veces por segundo emitiendo radiación.

En el caso particular del púlsar J1719-1438, el rayo de luz barría la Tierra y había sido monitorizado por telescopios en Australia, Reino Unido y Hawai, permitiendo que los instrumentos detectaran las modulaciones causadas por el tirón gravitacional de su invisible compañero planetario. Las mediciones indicaron que el planeta, que gira alrededor de la estrella cada dos horas y diez minutos, tiene un poco más masa que Júpiter pero es 20 veces más denso, según publicaron Bailes y sus colegas este jueves en la revista Science.

Además de carbono, el nuevo planeta también contiene oxígeno, que ha debido permanecer cerca de la superficie pero que debe de ser más raro a medida que se profundiza hacia su centro. Su altísima densidad sugiere que los elementos más ligeros, como el hidrógeno o el helio, que son los mayores constituyentes de planetas gaseosos gigantes como Júpiter, no está presentes.

La apariencia que tiene este extraño mundo visto de cerca es un verdadero misterio. “En términos de a qué se puede parecer, no lo sé, sólo podemos especular”, aseguró Ben Stappers, de la Universidad de Manchester, y añadió “no imagino la pinta que puede tener este brillante objeto que hemos encontrado ahí fuera”.


Artículo original:

 Astronomers discover planet made of diamond (Fuente: Reuters)

Imagen: Swinburne Astronomy Productions