Pluton

Seguramente casi todos habréis visto últimamente una imagen de Plutón en Facebook, en la tele o en algún otro medio. La sonda New Horizons consiguió ayer su máxima aproximación a Plutón (menos de 13.000 kilómetros) después de un viaje de más de 4 mil millones de kilómetros y más de nueve años. Hasta ahora, las imágenes que se tenían de Plutón estaban pixeladas y borrosas; ahora contamos con una imagen de algún modo similar a la que muchos pueden obtener con un telescopio de nuestra luna, salvando las distancias. De hecho, el tamaño real de Plutón no es el que se creía y con esto nos podemos hacer una idea de lo lejos que está y de lo que cuesta determinar las propiedades de un objeto a semejante distancia. Los datos que se obtienen de este acercamiento no están todos a nuestra disposición por el momento, ya que tardarán cosa de año y medio en enviarse y procesarse.


Muchos se han preguntado si no habría sido mejor poner la sonda en órbita alrededor del planeta, o incluso aterrizar en él; pero este no era el objetivo de la misión. Tenemos que tener en cuenta que la sonda es un objeto absolutamente insignificante en el espacio, no es ni siquiera una mota de polvo… la mota de polvo en realidad es Plutón, que produce muy poca atracción gravitacional. El espacio es inconmensurable, es inmenso a un nivel que a escala terrestre no podemos concebir sin el uso de los números. Suponiendo que consiguieran llevar la sonda a la zona orbital del planeta, tendrían que disminuir mucho su velocidad para poder entrar en órbita y esto requeriría una tremenda cantidad de combustible, lo que habría hecho la misión mucho más cara y mucho más duradera. Estamos hablando de un amasijo de metal que viaja a unos 14 kilómetros por segundo. Lo que han conseguido con esta sonda, llevarla a esa distancia de Plutón y obtener imágenes, es ya una auténtica proeza de la inteligencia humana y la tecnología.


Muchos han visto esta noticia con absoluto desinterés, con la idea de que bastantes problemas tenemos en la Tierra como para invertir una millonada en explorar un planeta del Sistema Solar exterior. Y es cierto, en nuestro planeta tenemos suficientes preocupaciones, en las que deberíamos invertir un tiempo y un interés mucho mayor del que invertimos en el espacio. Sin embargo, seguro que muchos sabéis que la exploración espacial es uno de los mayores impulsores del desarrollo tecnológico, ya que supone tal desafío que es necesario diseñar sistemas tremendamente avanzados; estos sistemas tienen y han tenido innumerables aplicaciones en la tecnología que usamos en nuestro día a día, empezando por la medicina y pasando por el desarrollo de nuevos sistemas de energía. Además, conviene recordar que el objetivo de la exploración espacial es conocer mejor nuestro entorno cósmico, nuestros orígenes y fenómenos desconocidos para el hombre que pueden dar lugar a muchos descubrimientos. La exploración espacial tiene sentido ahora y tiene sentido para nosotros a largo plazo, ya que si queremos sobrevivir como especie necesitamos poder comprender el universo que nos rodea e incluso poder viajar por él. De aquí a miles de años, si conseguimos sobrevivir, nuestra vida va a cambiar de forma exponencial y también nuestras necesidades. Es decir, que una cosa no quita la otra, no hay ninguna razón para dejar de lado este tipo de misiones, eso no mejoraría nada en la Tierra. Si podemos conseguir proezas como esta, ¿qué no podremos hacer en nuestro propio planeta? Lo que falla en el ser humano es la voluntad, nada más. Lo que falla es la falta de una verdadera toma de conciencia. Lo demás lo tenemos de sobra: somos una raza de exploradores, seres extremadamente curiosos. Siempre lo hemos sido.

Imagen:  NASA, Johns Hopkins Univ./APL, Southwest Research Inst.

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